La bomba estalló en París y sus ondas expansivas recorren ya todo el mundo deportivo y de la moda. Hace apenas unos minutos, el presidente del grupo LVMH —propietario de Louis Vuitton— anunció de manera categórica la rescisión del contrato de embajador global con Achraf Hakimi, defensor del PSG, tras verse envuelto en un nuevo escándalo con una mujer.

La declaración fue tan contundente como inesperada: « Cualquiera que sea la razón, no quiero trabajar con alguien que carezca de ética ». Con esas palabras, la prestigiosa maison francesa puso punto final a una relación que había elevado la imagen de Hakimi a la élite del lujo mundial.

Lo más sorprendente, sin embargo, llegó después. Silencioso durante horas, Hakimi rompió su mutismo con un mensaje que apenas contenía ocho palabras y que sacudió tanto al deporte como a la industria de la moda. Aunque la frase aún no ha sido revelada oficialmente en detalle, fuentes cercanas apuntan a que se trató de una sentencia breve pero cargada de ironía y desafío, que dejó sin respuesta incluso a los directivos de Louis Vuitton.

En el entorno del PSG, la noticia cayó como un jarro de agua fría. No solo por la pérdida de uno de los contratos publicitarios más lucrativos para un futbolista, sino por la imagen dañada que el caso proyecta a nivel internacional. El club, en plena disputa de la Champions League, se encuentra ahora en el ojo del huracán mediático.
Analistas señalan que la reacción de Hakimi podría tener un doble filo: por un lado, mostrar carácter frente a una ruptura pública humillante; por el otro, alimentar rumores sobre un supuesto “pacto secreto” entre él, el club y patrocinadores que intentaría contener los daños de imagen.
El futuro del lateral marroquí se vuelve incierto. ¿Podrá rehacerse en el terreno de juego mientras su reputación se tambalea fuera de él? Una cosa es segura: esas ocho palabras quedarán como una de las frases más enigmáticas y comentadas en la historia reciente del fútbol.